lunes, 2 de julio de 2007

felicidad temporal

Y entonces pestañeé, y en ese segundo, cuando abrí los ojos de nuevo, me di cuenta que aun seguía caminando en aquel inmenso desierto. Sentí un ardor en el pecho. No. Más bien fue como un cosquilleo desagradable. Miré a mi alrededor y todo era arena y sol. Y ese olor a tierra seca que detesto.

Volví a mirar a mi alrededor. De nuevo el cosquilleo. ¡ coño ! ¡ no puede ser ! sigo encerrado en esta mierda. Así me dije cuando me di cuenta que todo había sido un espejismo.

No sé si fue de tanto sentir calor o por estar tanto tiempo deshidratado. Pero juro que estaba seguro que ya no estaba metido en esta porquería árida y sin salida.

Pero no, no es así. Sigo errante y con este malestar que me hace sentir hasta dolor en los huesos.

No tengo otra sino seguir caminando y guardar la esperanza que, cuando me venza el sueño y el cansancio, vuelva a soñar fuera de acá.

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